Promover la Cultura Preventiva

Promover la Cultura Preventiva

Numerosas empresas poseen una cultura preventiva en sus organizaciones, en ocasiones sin ser conscientes de ello. En estos casos, sólo deben apoyar su crecimiento en el tiempo. Otras organizaciones en cambio, deben trabajar en la transformación de la cultura de seguridad vigente, dada su alta siniestralidad.

Se hace foco en el concepto de la motivación como medio para gestionar un cambio cultural y en el valor de la participación de los trabajadores, como uno de los pilares fundamentales para el fortalecimiento de dicha cultura.

A lo largo del tiempo las empresas que invierten recursos en la prevención de accidentes, han probado diferentes formas de trabajo, en pos de generar una cultura preventiva. En el gráfico 1, se muestra la adaptación de un esquema presentado por la empresa Unilever de Argentina, que sintetiza muy bien el comportamiento de numerosas organizaciones en la implementación de estrategias para avanzar en la consolidación de una cultura de prevención de riesgos en el trabajo.

Gráfico 1: Evolución temporaria de los accidentes según estrategias implementadas.

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Etapa I: El Prevencionista – Iniciando la Prevención
Las prácticas antiguas sobre prevención de riesgos cargaban la responsabilidad de la prevención obre el especialista en Higiene y Seguridad, o en algunos casos, al supervisor o encargado, desligando al trabajador de esa responsabilidad. Que el “preventor” cargue con todos los riesgos puede resultar efectivo en empresas pequeñas, cuya población está concentrada en un mismo lugar. Pero, ¿qué pasa en actividades como la construcción, en la que el escenario cambia día tras día? Por ello, es importante conducir al trabajador al autocuidado, que dentro de sus valores esté la prevención de riesgos, buscando su participación activa en la prevención de riesgos, en favor de su propio bienestar.

Etapa II: Seguridad conductual.
Cuando comienza a comprenderse la seguridad laboral, la relación entre las conductas y los accidentes, se abre todo un campo nuevo de mejora que, sin dejar de lado los aspectos técnicos, enfoca con seriedad a los responsables del 90% de los accidentes: las actitudes y sus conductas.

Etapa III: Gestión Distribuida de la Seguridad (GDS)
Este método está basado en la asunción de la responsabilidad en seguridad por parte de todos los integrantes de la organización, ya que todos participan de la misma. Para ello es fundamental desde un principio el compromiso de la alta jerarquía, ya que así se logra que la propiedad de la seguridad baje y alcance todos los niveles.
Esta nueva forma de organizar la seguridad da como resultado grupos de personas capaces de aprender constantemente a mejorar su entorno laboral y hacerlo más seguro. Asimismo, se trata de un sistema que perdura en el tiempo, ya que los propios implicados cuentan con las habilidades necesarias para responder a nuevos desafíos y situaciones no previstas.

Etapa IV: la Gestión de Riesgos en Equipo (GRE)
Gran parte de las organizaciones que lograron instalar la cultura del autocuidado, redoblaron la apuesta en un pensamiento más amplio que busca no sólo que la persona se cuide a ella misma sino que también “cuide a sus propios compañeros de trabajo”.
El concepto narcisista del “yo me cuido” está en primera instancia y es fundamental porque puede ayudar a evitar numerosos accidentes. Una vez que el autocuidado se incorpora como valor, se deberá inducir a la persona al cuidado del otro, a ayudar a los otros a cumplir sus metas y objetivos sin accidentes.

FUENTE:

http://www.fiso-web.org/